Esta noches, como viene siendo costumbre ultimamente en casa, hemos visto una película, Los Falsificadores, y he de confesar que no sabía de lo que iba ni siquiera en los tiempos que transcurría.
Esta trata de los campos de concentración nacis por el año 1945, y relata la historia real de Salomon Sorovitsch, un extraordinario falsificador, y de como es utilizado a pesar de ser judío para el beneficio del ejercito nazi, en lo que ha pasado a la historia como la mayor estafa en cuanto a moneda falsificada se refiere -operación Bernhard-.
Dejando a un lado la trama de la película, la cual recomiendo encarecidamente que la veáis, son de esas películas, que a no ser que carezcas de alma y sentimientos, te llegan a lo más profundo de tu ser, haciendote sentir como una de las personas más afortunadas del mundo, y es que realmente lo somos, pues si bien es verdad que no hay hoy en día esos campos de concentración, si que hay otros tipos de esclavitud, de pobreza extrema y de maltrato humano que nos quedan tan lejos, que ignoramos su existencia, tomándonos incluso la libertad de protestar, anfadarnos e incluso menospreciar las cosas por el mero hecho de no ser de una u otra marca…
Ver escenas en las que el mero hecho de ver una cama bien hecha con una sábana blanca, y que el mero olor a limpio haga saltarse las lágrimas del que la huele, el miedo a entrar en una ducha por creencia ciega de ser una cámara de gas y ver como atónitos notan el agua en la piel como algo nuevo, son cosas que llegan profundo, y que te hacen -al menos a mi- adquirir un sentimiento que realza el valor de las cosas que a diario hacemos sin darle la mayor importancia, ver las cosas desde otro punto de vista, algo que me gusta recordar en mi vida cada día que pasa, aunque no siempre lo consiga, porque nos hace mejores y más felices.
Que afortunado me siento de tener esos grandes lujos como son una ducha diaria, un plato de comida caliente todos los días, y una ropa que me abriga cuando hace frío, porque eso, y tener cerca a nuestros seres queridos, son los mayores tesoros del mundo, los mayores placeres, y muchas veces no nos damos cuenta de esas cosas, acostumbrados ya a lo que damos por normal en nuestra acomodada vida de diario.
Ser felices, disfrutar de los pequeños momentos y placeres del día a día, porque esos serán los que llenen vuestra vida de felicidad.
Un saludo y… Nos vemos en la red!!!
PD. Ahora me he quedado con ganas de ver “La lista de Schindler”
Info | Operación Bernhard
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